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El 11 de julio se hizo justicia

La final del Mundial la viví en el estadio Soccer City en Johannesburgo con Rubén de la Red, gran amigo y mejor persona. Recuerdo que hacía tanto frío que antes de la prórroga tuvimos que pedirnos, en vez de unas cervezas, unos chocolates calientes para entrar en calor.

Cuando por fin, nos proclamamos campeones del mundo, tenía la piel de gallina. Fue una sensación indescriptible, era tan grande la emoción y la alegría que íbamos abrazando a todo aquel que se cruzaba en el camino, daba igual el sexo, la condición política, daba todo igual, éramos todos uno.

No pudimos quedarnos de celebración allí mucho más tiempo, porque teníamos que coger un vuelo que nos traía de vuelta a España y así, conseguimos llegar a la gran celebración en Príncipe Pío y en las calles de Madrid. Reconozco -como ya dije en su día en MARCA- que desde el primer momento pensé que España tenía muchas posibilidades de ser campeona. Incluso después del primer pinchazo, no veía otra selección que jugara como la nuestra, teníamos cualidades y, sobre todo, ganas de victoria.

No sabría decir si el gol de Iniesta ha sido el que más he celebrado en mi vida, pero desde luego grité como nadie y solamente recuerdo éste y dos o tres goles más. Uno de ellos, el de Fernando Torres en la final de la Eurocopa, que fue la primera vez que España ganaba algo grande.

Hubo infinidad de factores decisivos en el equipo de Del Bosque a la hora de ganar el Mundial: el grupo, el entrenador, las ganas, el esfuerzo... Contamos con futbolistas increíbles, puesto por puesto, incluyendo el banquillo, todo muy difícil de mejorar. Por ejemplo, Xavi me apasiona, es un tío muy regular en su juego y, es más, cuando juega bien su equipo gana. Tenía que ser Balón de Oro.

España ganará más Mundiales, estoy seguro. Lo raro es que haya tardado tanto. El 11 de julio se hizo justicia.

 

 

 

 

 

 

 

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