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«No era mi día para irme y sí para dejar el fútbol»

Un 29 de junio de 2008, la ciudad que vio nacer a Schubert y morir a Beethoven fue el escenario idóneo para que otro ‘genio’, pero del fútbol, tocara el cielo con los pies.

Rubén de la Red se proclamó campeón de Europa con España. Con tan sólo 23 años, el estadio Ernst Happel de Viena encumbró a una joven estrella del balompié con una prometedora carrera por delante tanto en su club, el Real Madrid, como en ‘La Roja’.

Tan sólo cuatro meses después, reveses del destino, aquel sueño de verano hecho realidad fue enterrado por una pesadilla… 30 de octubre de 2008, Stadium Gal de Irún. Partido de dieciseisavos de final de la Copa del Rey entre el Madrid y el Real Unión de Irún. En el minuto 13, De la Red se desmaya y cae al suelo desplomado.

A millones de madridistas y amantes del fútbol les da un vuelco el corazón. A Rubén, algo mucho más grave: un síncope. Nunca más volvió a jugar. Dos años después, el 14 de noviembre de 2010, entre lágrimas, anunció su prematura retirada con tan sólo 25 años. Eso sí, hoy, felizmente, aquella fatídica noche de otoño es historia para Rubén. El madrileño ya tiene un nuevo reto: triunfar como entrenador.

Un golpe imprevisto

 «Ahora lo recuerdo como una anécdota. Pero en su día fue un susto gordo e inexplicable. Jamás pensé que me podía pasar algo de ese tipo. Siempre lo ves como muy lejano, como que nunca te va a tocar. Pero en ese momento me tocó. Pasé mucho miedo y mucho temor aunque, afortunadamente, al final, he salido medianamente bien».

La incansable sonrisa de Rubén es contagiosa. Ya le toca: ha pasado por un infierno. Una singladura de año y medio marcada por demasiados contratiempos. Por eso, si echa la vista atrás, intenta quedarse sólo con lo bueno. El destino le jugó una mala pasada, pero sabe que lo más importante, la vida, no la ha perdido: «Es lo que hay, no me quedó otra que asimilarlo como pude. Afrontándolo con la cercanía de los míos y mirando siempre hacia delante. No está en tu mano el poder decir si sí o si no, si puedo o no puedo. Son cosas del destino. Y quizás yo tenía ese destino. No era mi día para irme y sí para dejar el fútbol».

El caso de Rubén de la Red es bastante peculiar. Tras sufrir el síncope se sometió durante 18 meses a todo tipo de exámenes médicos, pero nunca obtuvo un diagnóstico definitivo.

«Los médicos constataron que tenía un problema en el corazón, pero hasta el día de hoy no saben decirle cuál: es una situación un poco rara. Se ve claramente que sucede algo, porque el síncope que me dio es síntoma de que algo no funciona correctamente en mi cuerpo.

Pero luego, tras una infinidad de pruebas, los médicos no llegaron a una conclusión clara de lo que había sucedido y así me lo transmitieron. Me dijeron que no sabían lo que me pasaba pero que, por si acaso, era mejor que dejara el fútbol. Sobre todo, teniendo en cuenta situaciones de otros compañeros que no salieron adelante. Pero claro, lo que se está valorando es la vida de una persona, no es un hombro, una rodilla, ni un tobillo. Es la vida. Quizás por eso se tomó esa medida tan severa».

Estaba claro; entre vivir y jugar al fútbol no había elección. Su situación médica era y es muy complicada de asimilar. Aun así, Rubén sigue sin perder la esperanza: «Saber que tengo un problema en el corazón pero no saber cuál es algo que comprendo, pero me cuesta asumirlo. Yo miro para adelante, no pienso en lo que tengo o en lo que no tengo, porque si no, no viviría a gusto. Pero es cierto que es difícil aceptar esta situación y encaminar tu vida sin tener un diagnóstico algo certero. Por eso yo siempre mantengo ahí una puerta abierta, porque quiero saber, quiero saber y cerrar esa puerta sabiendo qué es lo que me pasa».

Terapia preventiva

 Esta incertidumbre fue la que le llevó a tomar una medida de prevención ante tantas dudas en cuanto a su salud cardiovascular: «Me han implantado un desfibrilador que registra todos los movimientos del corazón. Digamos que el desfibrilador es una precaución que he tomado por si en algún momento sufro una parada cardiaca, para que ayude a los profesionales a rescatarme. Es una medida de seguridad que en la mayoría de los casos te salva la vida, sobretodo, gracias a la rapidez, clave cuando tu corazón te da un susto».

Durante ese año y medio de pruebas, el paso de las horas fue una eternidad para Rubén, pero su primer hijo, nacido cinco meses antes de tan tremendo susto, fue la luz que guió su nuevo camino en la vida: «Pasé de entrenar todos los días, y de estar de viaje entre semana y cada fin de semana, a pasar de repente todo el tiempo en casa. Pero mi primer niño, que había nacido en mayo, me consumía horas y horas y eso no me dejaba pensar ni comerme la cabeza. Me hizo tirar para delante sí o sí. Me dio la vida. Tener a mis niños y a mi mujer al lado ha sido lo más grande que me ha podido pasar».

Mirada al futuro

Y así fue. Rubén de la Red comenzó a pasar página y a mirar el futuro sin amargarse por su pasado: «A veces pienso que tuve suerte, que fui un afortunado porque podía haberme pasado algo peor que un síncope. Y otras veces te dices que por qué a ti, que a lo mejor fue un desvanecimiento por algo pequeñito y que no hay nada detrás. Pero lo más importante es ser fuerte y optimista e intentar ser lo más feliz posible. Lo hecho, hecho está. Ahora estoy bien. No quiero mirar atrás, es lo que ha sido y punto».

Así que Rubén echó la vista adelante y se sacó el título de entrenador. Cómo no, su casa de toda la vida, el Real Madrid, le ha dado su primera oportunidad: es el entrenador del juvenil A.

El sueño de De la Red es ahora «ver mucho fútbol, aprender y trabajar. Coger cosas de todo el mundo e intentar poner en práctica lo poco que yo he vivido en este deporte. Mi sueño es llegar a lo más alto. Sé que es más complicado que como futbolista, pero por ilusión, ganas y compromiso no va a ser». Y seguro que así será.

 

 

 

 

 

 

 

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